octubre 27, 2019

Hilo-hilos.


Lo que sigue son dos semanas de vacaciones y no me siento tan alegre como lo había supuesto ayer.

Hay hilos rotos, cuyas cabezas están caídas, dando la espalda a mi vida, hay hilos deshilados, y yo me siento sola, sin fuerza.

Me aferro con una sola mano, con un sólo dedo, con un sólo hilo.


El primero crujió hace 34 días y una hora. Al principio (aunque advertí la separación) asumí que se trataba de un pequeño choque, un ruido ajeno. Cuando intenté reincorporarme, estaba sentada en la mesa del restaurante tal. Rubí se reía y parloteaba mofadas, y al mismo  tiempo, ya no estaba.

Rubí, rubiola, rubicela, rubixa, rubbi no estaba.


Te deseo, [sustantivo] ¿verdad que no te llamas Emmanuel?

Desearía, [sustantivo], que no fueras aquel.

Ni el otro.

Ni el nada.


Te extraño aún más de lo que te extrañaré tan pronto te conozca.

¿Me das un buen beso? No lo necesito con todas mis ganas.


Hilos-pierdo...

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